¿Para qué?

¿Para qué sostener castillos de arena,

si el viento siempre los derrumba?

¿Para qué aferrarme al eco de palabras,

que resuenan solo para herir?

¿Para qué abrir mi corazón sincero,

si lo convierten en fría piedra?

¿Para qué entregar mi alma frágil,

a quien la pisa sin siquiera mirar?

¿Para qué cargar el peso del mundo,

si en sus ojos solo soy su carga?

¿Para qué tender mi mano firme,

si quien la recibe nunca sostiene?



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