Alguien diferente
Con el paso del tiempo, sin embargo, algo empezó a cambiar. La costumbre de verla cada día me fue despojando del miedo inicial, y comencé a notar matices en su presencia que antes pasaban desapercibidos. Descubrí que no era una amenaza, sino un reflejo, un recordatorio constante de lo que yo misma debía aprender a integrar. Lo que al inicio parecía intimidante empezó a resultarme extraño pero agradable, como si su energía se entrelazara con la mía, mostrándome que a veces lo que más tememos no viene a destruirnos, sino a guiarnos hacia una versión más auténtica y valiente de nosotros mismos.
